La idea de este escrito es arrojar cierta luz sobre un tema que muchas veces presta a confusiones. La idea es aclarar los conceptos para que toda persona pueda entender de qué hablamos cuando hablamos de autismo, o cuando hablamos de TGD por ejemplo. ¿Es lo mismo? ¿Son cosas distintas?

La sigla TGD proviene del término Trastorno Generalizado del Desarrollo. A su vez, esta denominación proviene de la traducción del inglés del término Pervasive Developmental Disorder (PDD). En realidad, en la traducción misma ya hay una diferencia significativa entre inglés y castellano, ya que la palabra “Pervasive” no está fielmente traducida a la palabra “Generalizado”. “Pervasive” en inglés significa “profundo” o “severo” (hace alusión al grado de severidad), mientras la palabra “generalizado” no tiene esta connotación. En algún punto es poco representativo usar la palabra “generalizado” ya que da idea de que todas las áreas del desarrollo están afectadas, cuando muchas veces vemos que en los niños “con TGD” no todas las áreas del desarrollo están afectadas (por ejemplo: muchas veces la motricidad en los chicos está preservada).

Los Trastornos Generalizados del Desarrollo constituyen un capítulo dentro de lo que los psiquiatras llamamos el DSM-IV-TR (nuestro manual diagnóstico). El capítulo de los TGD incluye 5 entidades clínicas, a saber: 1) el trastorno autista, 2) el trastorno de Asperger, 3) el trastorno desintegrativo infantil, 4) el trastorno de Rett, y 5) el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Así que cuando hablamos genéricamente de los TGD, estamos hablando de un grupo de cuadros clínicos que son muy heterogéneos (diferentes entre sí). Esta se llama una clasificación categorial, es decir, compuesta por categorías diferentes (que desde el punto de vista diagnóstico son mutuamente excluyentes). O sea, que una persona no puede tener 2 de estos diagnósticos al mismo tiempo,… o tiene uno o tiene otro.

¿Por qué están agrupadas estas 5 categorías? Porque comparten lo que se llama la “tríada diagnóstica básica” de dificultades, a saber: 1) dificultades en la interacción social recíproca, 2) dificultades en la comunicación y el lenguaje, y 3) un patrón de conducta e intereses restringido y repetitivo. Las 5 categorías mencionadas anteriormente comparten algún grado de dificultad en cada una de estas 3 áreas del desarrollo. Entonces… ¿en qué se diferencian? Aquí entran a considerarse otras características como la severidad de algunos síntomas, el nivel cognitivo de la persona (inteligencia), la edad a la que adquirió el lenguaje (por ejemplo: en tiempo, o tardíamente), el patrón de inicio del cuadro, la existencia de una alteración genética subyacente (por ejemplo: la enfermedad de Rett), etc. Según cada una de estas características, el profesional irá viendo qué criterios diagnósticos se van cumpliendo, y a posteriori, realizará el diagnóstico que más se ajusta a las características presentadas por la persona evaluada.

¿De qué hablamos cuando hablamos de “espectro autista”? Generalmente, cuando mencionamos al espectro autista, nos referimos a 3 de los 5 cuadros: el trastorno autista (también llamado autismo), el trastorno de Asperger y el TGD no especificado. En el 2013, salió publicado la 5ta edición del manual diagnóstico de los psiquiatras, el DSM-V, y esto implicó algunos cambios. Por ejemplo, que el capítulo dejó de llamarse TGD, y fue reemplazado por las siglas TEA, en representación del término Trastornos del Espectro Autista. Esta clasificación es más de tipo dimensional, y no categorial. Es decir, que a partir de ese momento no decimos que una persona padece un trastorno autista o un trastorno de Asperger, si no que decimos que padece de un trastorno del espectro autista, y describimos algunas características específicas en torno al lenguaje, nivel cognitivo, patrón de inicio, cuadros asociados, etc.

Un último tema que me parece de fundamental importancia es el tema de la detección temprana. ¿Por qué? Porque estamos viendo que cuanto antes identificamos a los niños en riesgo de padecer un TGD, más posibilidades tenemos de modificar las trayectorias de desarrollo. Este es un concepto fundamental, porque por primera vez en muchos años estamos acercándonos a la palabra “prevención” en este campo. “El tiempo es oro” en los primeros años de desarrollo, no tenemos que perder la oportunidad de intervenir tempranamente. Cómo sociedad, si se realizara un esfuerzo mancomunado de detección, podríamos cambiarles la vida a estos niños. Y lo increíble es que ¡todos pueden colaborar activamente! Desde padres, médicos, maestros, amigos… ¡todos! Existen algunas herramientas de pesquisa que existen justamente para esto: un ejemplo conocido es el M-CHAT, un cuestionario de muy simple llenado. El momento clave de pesquisa es a los 18 meses de edad. Existen instrumentos que se usan tan temprano como los 9 meses (por ej: CSBS-DP), y están diseñados para el uso en el control clínico de los pediatras. La idea sería hacer también campañas masivas de toma de conciencia, para que podamos estar alertas a los signos tempranos que aparecen en todo niño en quien se sospecha un TGD.

Esta es una lista de señales de alarma en todo niño pequeño, importante para recordar:

  • Que el bebé no sonría ni exprese alegría a los 6 meses
  • Que no realice intercambio de sonidos, sonrisas o gestos faciales a los 9 meses
  • Que el bebé no responda a su nombre a los 10 meses
  • Que el niño no balbucee a los 12 meses
  • Que el niño no interactúe con gestos como señalar, alcanzar, mostrar o saludar con la mano a los 12 meses
  • Que el niño no diga palabra alguna a los 16 meses
  • Que el niño no diga ninguna frase de 2 palabras con sentido (sin imitar o repetir) a los 24 meses
  • Que haya una pérdida de lenguaje, del balbuceo o de alguna habilidad social a cualquier edad

 

Considero que entre todos podemos construir una sociedad más justa, donde haya más igualdad de oportunidades, y en la que todos los niños en riesgo accedan al derecho de ser “detectados tempranamente” y, posteriormente, tratados adecuadamente según su perfil individual de necesidades. Entre todos… podríamos.

Para descargar el documento presione aquí

 

Dra. Alexia Rattazzi