El juego es un fenómeno universal que ha existido desde siempre. Lo encontramos en todas las culturas a lo largo de la historia.

Existen desde hace décadas distintas teorías acerca del juego: románticas, clásicas, psicoanalíticas, constructivistas, socioculturales, etc. No las enumero para indagar en profundidad sobre ellas, sino, simplemente para resaltar la importancia que ha tenido y sigue teniendo el juego y su desarrollo a través de la infancia, convirtiéndose en objeto de estudio de diferentes líneas psicológicas y sociológicas.

El juego tiene una significación social, cultural y en el desarrollo de la infancia; y está asociado con ciertas adquisiciones en la cognición, las competencias sociales, el lenguaje, las representaciones artísticas y el desarrollo emocional.

La creciente conciencia por parte de los niños respecto del significado y funciones de los objetos se desarrolla a través de la exploración y manipulación en el juego.

Las nociones espaciales, causales, relaciones categoriales y funciones se derivan de las primeras actividades lúdicas.

En los juegos del “como si” los niños aprenden a pensar sobre significados, sin estar limitados por las propiedades físicas de los objetos. Transforman y manipulan símbolos, y junto con esto van desarrollando la capacidad asociativa, la memoria y el pensamiento abstracto.

El juego propicia la flexibilidad y creatividad en las conductas y los pensamientos y permite innovar en las soluciones a los problemas (Sutton-Smith, 1967; Sylva, Bruner, & Genova, 1976).

El juego es la actividad de la infancia por excelencia y es, a través de la actividad lúdica que los bebés empiezan a interactuar con el ambiente y a aprender de él.

El primer “cuarto de juegos” es muy pequeño, podría ser la cuna o los brazos de mamá o papá. Es un espacio que está caracterizado por una gran proximidad física, y en donde la interacción adquiere características particulares: casi no media el lenguaje verbal, se da una comunicación a través de miradas, gestos, expresiones faciales, caricias.

En estos primeros momentos, es la madre, padre o cuidador, quien inicia las interacciones, muchas veces tomando movimientos o sonidos fortuitos que produce el bebé, otorgándole un significado, asumiéndolos como intencionales y respondiendo a ellos de forma amorosa, cargada de afecto y con cierta exageración.

El bebé disfruta de esa respuesta y de a poco comienza a asociar que la misma vino luego de una acción suya, por lo que se ve motivado a repetirla para volver a obtenerla. Así se empieza a dar la interacción entre ambos, generando círculos de comunicación.

Podemos ver como desde los primeros meses del bebé se van instalando los prerrequisitos para el juego:

Los inicios para la toma de turnos

La reciprocidad social

El desarrollo de las habilidades pragmáticas

Las adquisiciones del lenguaje

Los niños diagnosticados con TEA, encuentran ciertas dificultades a lo largo de su desarrollo temprano, para interactuar con otros seres humanos, y van inclinándose en la interacción con objetos inanimados, donde ellos pueden ejercer el control absoluto.

Es por ello que hoy nos planteamos brindarle una nueva oportunidad de vincularse con nosotros, respetando su perfil individual, y la etapa del desarrollo emocional funcional en la que está transitando en el presente. Y para ello nos valdremos de la actividad que le es más propia a todos los niños: el JUEGO.

Existe una condición fundamental a la hora de ponernos a jugar con un niño con condición del espectro autista: Dejar de lado su edad cronológica y los conocimientos previos que tenemos respecto a lo que se espera para esa edad. Nuestro foco será identificar su nivel de desarrollo actual y sus características individuales (perfil sensorial, historia, motivaciones, etc.) para a partir de allí buscar generar interacciones significativas para el niño.

Lo primero que deberemos hacer es convertirnos en “detectives” para poder ver más allá de la conducta que presenta nuestro niño. Buscaremos mirar, sentir, experimentar lo que ellos miran, sienten y experimentan con las distintas acciones que realizan. Por ejemplo, si da vueltas daremos vuelta, para ver que puede ser lo que le está gustando de girar (es la sensación de mareo que le produce al detenerse? Es la velocidad con la que ve pasar los objetos? Es el viento que siente en su rostro?, etc). Imitarlos, no solo nos da la posibilidad de entrar un poquito en su mundo, sino también hacerles sentir que nosotros también podemos disfrutar de lo que ellos disfrutan. Los niños con TEA, perciben los estímulos del entorno de formas muy distintas a las que lo hacen los niños con desarrollo típico, y es así que viven en un mundo que ellos no terminan de comprender. Hacer lo que ellos hacen por unos instantes, puede llegar a hacerlos sentir que el afuera no es tan distinto, se sienten comprendidos. Pensemos en nosotros mismo como adultos, como nos sentimos cuando estamos en una reunión en donde todos son invitados son médicos, excepto nosotros…generalmente ellos tenderán a hablar de anécdotas de hospital, chistes internos y nosotros quedaremos afuera, sin poder aportar nada ni disfrutar de lo que ellos conversan. Por el contrario, cuando nos reunimos con amigos con los que tenemos numerosos intereses en común, nos distendemos, y rápidamente encontramos de que hablar o que hacer conjuntamente. Con esto en mente, tal vez resulte más fácil acercarnos a nuestros niños para hacer un poquito de los que ellos hacen y disfrutan y de esa manera hacerles sentir que no están solos.

Verán que si empiezan a imitar lo que sus hijos hacen, más temprano o más tarde, ellos detendrán lo que están haciendo y los miraran por algunos instantes. Habrán captado su atención. Lograran captar su interés, ya sea por sorpresa o por haber sintonizado con su estado. Notarán que ellos los empiezan a mirar, se acercaran, intentaran sacarle lo que ustedes tienen, dando señales de estar ahí con ustedes. Esta es la puerta de entrada que deberán celebrar y aprovechar para ayudarlos a seguir profundizando en la interacción.

Interesarnos por lo que ellos se interesan nos coloca en un lugar de “aliados”, nos convierte en seres más comprensibles y predecibles para ellos.

Una vez logrado el primer contacto, acercamiento, que captamos su interacción, tendremos que ubicarnos mentalmente en cómo hacemos para sostener la interacción con un bebé. Esto es, manteniendo la misma en un nivel básico, predecible, cargado de afecto y exageración. Ofrecemos un espectáculo atractivo como forma de iniciar la comunicación y luego tomamos cualquier señal que dé el niño, a través de sonrisas, movimientos, sonidos, como cierre de dicho circulo de comunicación. Como si estuviésemos en un dialogo a través de gestos. Si a través de la acción del niño percibimos que le gusto, volveremos a iniciar el círculo, repitiendo lo mismo que hicimos antes. Si por el contrario vemos algún signo de rechazo evitaremos continuar y buscaremos una nueva forma de interactuar.

Los círculos de comunicación son la base de cualquier juego, así como de la aparición de la comunicación, tanto verbal como no verbal.

En los inicios el objetivo principal será establecer una interacción entre nosotros y el niño en un ambiente cálido, amigable, natural, en donde la intención comunicativa pueda ser modelada y la atención conjunta pueda florecer.

El acercamiento desde este lugar, nos permitirá trabajar sobre objetivos más amplios, como ser:

-Mantener proximidad física

– Incentivar el contacto visual

– sostener la atención conjunta

– Buscar el placer compartido

– Favorecer la reciprocidad social

Todos estos son prerrequisitos para la comunicación. Están en la base pre conversacional del habla.

Tal vez para los papás de chicos más grandes, les resulte difícil y chocante establecer un tipo de juego que es propio de la primer infancia, pero debemos recordad siempre que necesitamos empezar donde el niño se encuentra en cada instante. Es solo el punto de partida, pero es justamente empezar en donde ellos están más cómodos y solidos lo que nos garantizara una interacción exitosa. Partir de su nivel de desarrollo socio emocional actual para luego ir subiendo en la escalera del desarrollo en la medida que ellos nos lo vayan permitiendo y mostrando que están listos. A un bebe que todavía no puede mantener su tronco erguido no le pediremos que camine, ya que no tiene los músculos fortalecidos para hacerlo. Deberemos esperar puesto que de lo contrario provocaremos caídas y mucha frustración por parte de ellos y de nosotros mismos. De la misma manera es en los términos de otros aprendizajes.

Hoy existen varias terapias que tienen el juego y las relaciones como columna vertebral para ayudar a los niños con TEA y sus familias. Entre las que podemos mencionar: DIR-floortime; Son Rise: Denver model; Hanen; SCERTS: etc.

Cada familia podrá buscar la que más se asemeje a su modalidad. Con la que se sienta más cómoda, sin olvidar que en cualquiera de las intervenciones siguen siendo los padres con sus hijos los principales actores. El resto son simples herramientas o guías para ayudarlos y acompañarlos, pero sin ustedes nada tiene sentido.

Los padres son el mejor recurso para sus hijos y los hijos la mayor motivación de los padres. Esto es algo que todos, padres y terapeutas, deberemos tener siempre presente!

Bibliografia:

“El niño con necesidades especiales” Dr. S. Greenspan & Dra. Serena Wieder

“Giggle Time, establishing the social connection” Susan Aud Sonders

“Play and imagination in choldren with autism” Pamela J. Wolfberg

Descargar el documento: Jugando, asi aprendemos en nuestra infancia

Lic. Pierina Pandolfi

Lic. en psicopedagogia